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sábado, 22 de marzo de 2014

Cracovia quiere conocer Madrid.

Cuando me vine a Cracovia de ERASMUS, supe que un año sin mi Madrid iba a ser muy duro. Que la iba a echar de menos y que me acordaría diariamente de ella. Y así ha sido, pero Cracovia me ha acogido tan bien, que ha sido fácil llevar la distancia a cuestas. Por eso, un día paseando por el Vístula, le conté a Cracovia lo bonita que es Madrid. Y después, ella me dio esta carta y me pidió que por favor la llevara conmigo en mi regreso y que se la entregara a Madrid en cuanto pudiera. Las dos, cada una con su belleza me han enamorado. Y ahora, Cracovia quiere conocer Madrid.



Últimamente me hablan mucho de ti. Dicen que eres enorme, que pocos llegan a abrazarte entera y que aun así conservas tu figura. Tus medidas van en aumento pero siempre en proporción y siempre siendo igual de perfecta.

Dicen que respiras rápido, que tu latido es casi de infarto y que aun así nunca se te ha parado el corazón. Dicen que eres la que no duerme, la que siempre anda despierta y con los ojos bien abiertos. Que tienes cuatro arterias en ese corazón que late, y que aun así, los atascos son el pan de cada día. Dicen que hablas en voz muy alta y que el ruido no te molesta, que de hecho ya ni lo oyes. Que las sirenas, los coches y el hablar de la gente es tu banda sonora preferida y que el chotis es tu apellido.

Dicen que eres altísima, que no te hacen falta tacones. Que miras siempre desde arriba y que acaricias el cielo con la punta de tus dedos. Que hay gigantes que viven contigo y que ven como el sol se esconde en tu horizonte. Que te bañas en el Manzanares y que cantas en el calderón, que te vistes de chulapa y que no hay quien se ponga la parpusa tan bien como lo haces tú. Por algo eres castiza…

Dicen que presencias miles de historias al día y que olvidas rápido para poder recordar lo que va ocurriendo. Que fuiste la primera en empezar “la movida” y que en los 80 te convertiste en la protagonista de España entera. Dicen que te han compuesto millones de canciones y que eres la musa perfecta para los poetas. Que has paseado con los más grandes de la mano y que siempre acababais en Chicote tomando algo. Dicen que eres coqueta, que te miras en el espejo del lago del retiro y te dejas fotografiar poniendo siempre la mejor de tus sonrisas.

Dicen que te sacaste el título de Capital con la ayuda de Felipe II y que lo luces con orgullo allá donde vas. Que no importa cuántos vayan a visitarte, que tienes ojos para todos y espacio para el doble o más.

Dicen que de noche te pones preciosa, que aunque las luces y neones decoran tu piel, brillas sin ellas con luz propia. Que sacas tu lado más rebelde, y más sensual y que te vuelves provocativa. Que engañados nos tenías por el día, con tu carita de niña buena y tu caída de ojos de lady encantadora. 

Dicen que es increíble ver cómo te desvistes y te dejas ver a la luz de la luna. Cómo te sueltas el pelo y te conviertes en la más heavy de Arguelles o te plantas un vestido y conquistas con tus andares a todo el que pase por Tribunal. Dicen que el cuero, el Rock and Roll y la cerveza te sientan tan bien como un pintalabios, una camisa y una copa de vino en la mano. Que te adaptas a lo que sea, que eres todoterreno, que te gusta la variedad y que adoptas a todo aquel que te mire sonriendo.

Dicen que no te importa comer de pie y pedir lo que vas a tomar a gritos, y que no hacen falta papeleras en tus mejores bares, sino que el palillo, la servilleta o las pipas, van directas al suelo sin que nadie te mire mal. Que las 10 de la noche es solo el principio y que el día acaba a las 10 del día siguiente. Que no hace falta reloj de pulsera, que tú ya tienes el tuyo propio, y que solo hace falta alzar la mirada entre tus piernas para ver ese reloj rojo incansable marcando la hora en lo alto de la Gran Vía.

Dicen que contigo siempre es viernes y que un plan de tranquis, con unas cervezas por la tarde, a eso de las 7 en La Latina puede terminar convirtiéndose en la mejor noche de la historia con un GynTonic en la mano y siendo las 7 de la mañana.
Que quien te conoce termina enamorándose de ti y dejándose la vida en cada uno de tus rincones. Que después de conocerte ya puede uno irse al cielo tranquilo y que si puede ser al tuyo, mucho mejor.

Que un tal Sabina es uno de tus amantes y que te quiere tanto como tú a él, pero que no eres de atarte a nadie y te niegas a quedarte con solo unos labios y que ya han sido varios los que cayeron en tus redes y terminaron acostándose contigo.

Dicen que eres un culo inquieto, que te encanta el arte, la música y el teatro. Que te encanta sentarte en los cafés de tirso y escribir todo lo que recuerdas de los años 30, cuando los poetas del 27 paseaban por tu barrio de las letras. Y contar a tus visitantes lo bien que bailabas en las verbenas, chulapa tú y comías las tontas o las listas en la pradera de San Isidro.

Dicen que no saben cómo, pero que eres capaz de parar el tiempo y hacer que los días duren más de 24 horas. Que alucinan cuando te conocen de verdad, cuando pasan años contigo y te empiezas a mostrar tal como eres, sin maquillaje que valga, porque eres casi más bonita que con cualquier sombra de ojos y cualquier raya.

Ojalá algún día nos presenten y tenga el placer de conocerte para decir de primera mano, que eso que dicen es la pura verdad. 

ATT. Cracovia.

sábado, 19 de enero de 2013

FRANCISCO BORES. El encargo de pintar una siesta.

Hace casi 70 años, Francisco Bores, pintor Español de la llamada Nueva Escuela de París, recibió un encargo del crítico y editor Tériade. El encargo consistía en ilustrar el poema de “L’apres-midi d’un faune” que Stephane Mallarmé había escrito hace 78 años.

Bores no se lo pensó y aceptó el reto. Sin embargo, nadie dijo que fuera a ser fácil. El libro, que había de tener 84 páginas no llegó a concluirse. La guerra y ocupación que Francia vivía en 1943 dieron lugar a grandes problemas económicos que hicieron imposible la publicación del libro.
Aun así, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ha recuperado 73 de las más de 200 piezas que componían el poema y nos las muestra en la Sala Goya de su primera planta hasta el 20 de enero de 2013.

Francisco Bores, muy integrado en su Madrid natal, se formó en la academia de Cecilio Pla y en las tertulias de los cafés madrileños. Se identificó plenamente con los artistas y poetas afines al ultraísmo y con los pertenecientes a la generación del 27. Esta afinidad se va a plasmar en sus obras a lo largo de su carrera, que se desarrollará en su totalidad a partir de 1925 cuando se traslada a París, donde se relacionará con grandes figuras como Picasso, Juan Gris o Matisse.

Fue allí donde recibe el encargo de ilustrar el poema de Mallarmé. Los dibujos los realizó en el taller de Mourlot, en la calle de Chabrol de París, donde habían trabajado y se habían formado artistas como Picasso.

Mallarmé, autor del poema que Bores debía representar decía que “es mejor pintar no la cosa, sino el efecto que produce”  Y es precisamente de lo que Francisco Bores se encargó. Sus dibujos no quieren plasmar la escena que el poema describe, sino el sentimiento que produce al leerlo. Pretende transmitir, a través de sus pinceladas, sensaciones, emociones y sentimientos.

Lo consigue con unos dibujos originales e inundados de un estilo ultraísta; importancia de la metáfora frente a la lírica, imágenes ilógicas, casi surrealistas, síntesis de varias imágenes en una…

Consigue transmitir también, gracias a la originalidad y mezcla de diferentes herramientas y técnicas. Utiliza en un mismo dibujo lápices grasos y lápices de grafito, a la vez que acuarela y tinta china. No solo es en el dibujo donde mezcló técnicas y herramientas, sino que incluyó caligrafía y fragmentos del poema en sus obras con caligrafía manual, impresa y tipográfica.

No es el único libro que Bores ilustró. Se encargó también de la ilustración de “El llanto por la muerte de Sánchez Mejías” de Federico García Lorca. Y Mallarmé no inspiró solamente a Bores con su poema, ya que sirvió de inspiración a Debussy para su pieza musical “Preludio a la siesta de un fauno”


Dos artistas distintivos reunidos en pleno comienzo de la Gran Vía Madrileña. 

(La exposición acaba el 20 de enero; por eso os dejo este pequeño resumen aquí, para quien se lo haya perdido y le hubiera podido interesar:) )

jueves, 23 de febrero de 2012

Sabina, Más de cien mentiras.


Si Sabina me tenía a sus pies, ahora me tiene donde él diga. En la calle Melancolía, a la orilla de la chimenea, con o sin mes de abril, con pata de palo y con traje gris. Más guapa que cualquiera, escuchando la canción más hermosa del mundo, con un Whisky sin soda, en el boulevard de los sueños rotos y hablando de Madrid. Y sin embargo… me seguiría encantando Joaquín, y así seguiría escuchándole 19 días y 500 noches.

Y una de esas 500 noches fue ayer, día 21 de febrero, en el Teatro Rialto de la Gran Vía de  Madrid. Allí me esperaban “Más de 100 mentiras” y tres horas de auténtica emoción.

David Serrano, director del musical, ha conseguido dar vida a muchos de los individuos y personajes de los que habla Joaquín en sus canciones. Ha hilado una historia de amor, de amistad, de sexo, de mentiras, traiciones, promesas y más mentiras en la que no faltan versos de por medio del poeta Joaquín. Todo esto con más de 25 canciones elegidas entre la larga historia discográfica y musical del artista.

“Las canciones de Sabina son algunas de las mejores canciones escritas en lengua castellana y no podían recibir un tratamiento convencional -dice David Serrano, director del músical- Por eso hemos escrito una historia que pocas veces se ha visto en un musical, una historia dura, de timos, llena de mentiras y con personajes que parecen haber salido directamente de sus discos: Prostitutas, delincuentes, hombres de traje gris, cobardes, héroes, canallas, colgados, apasionados y desencantados. Buena gente sin necesidad de ser gente de bien”, y confiesa que “Joaquín es uno de los autores contemporáneos que mejor a diseccionado y experimentado el alma humana, y por todo ello la responsabilidad de escribir y dirigir este musical es, evidentemente, inmensa, pero no tanto como las ganas y la ilusión” Termina deseando que “Más de 100 mentiras esté casi a la altura de las canciones del maestro”

En definitiva, un musical digno de la Gran Vía Madrileña, y digno de ese bombín que adorna la entrada al teatro y que recuerda a aquello de...

 “...que aquí he nacido, aquí quiero quedarme, pongamos que hablo de Madrid…”


martes, 11 de octubre de 2011

CERCA DEL CIELO


Sitúate. Un ático en plena Gran Vía. Piso 27. Todo Madrid a tus pies. No puede esconder ninguna de sus calles. Es un Madrid desnudo, con distintas historias recorriéndole. Diferentes motivos reúnen allí, en ese preciso instante, a distinas gentes. Trabajo, encuentros, turismo o mero placer.

En el ático, una pequeña habitación acristalada por donde el sol entra sin avisar, dando una perfecta claridad a la estancia. Hay un suave perfume a jazmín mezclado con el olor a café recién hecho. Las cortinas son finas, azul claras, casi blancas y dejan al viento que juegue con ellas. 

Cerca de la ventana hay una planta. Verde. De un verde muy vivo, con hojas grandes y llenas de vida. Está sobre una maceta blanca, alta, que permite que los rayos la iluminen todo el día. 

En el lado opuesto de la ventana, hay una librería que ocupa toda la pared frontal. Es una estantería de madera antigua donde reposan los más grandes de la literatura universal. En el estante más alto, descansan los versos de Neruda o Quevedo y a medida que los estantes se acercan al suelo, los autores van avanzando en siglos; Saramago, Zafón…

Entre la estantería y el vental queda una pared. En ella hay un cuadro. Es una fotografía tomada desde ese mismo ático muchos años antes. Se ve el Madrid antiguo de los 50, con tranvías cruzando las calles con el mismo trazo perpendicular que siempre, el ensanche hecho con regla en mano, e incluso algunos cafés que aún perduran. 
Es el mismo cielo, más grisáceo quizá, con las mismas nubes reflejadas en las mismas fuentes y accidentado por los tejados de los altos gigantes de la ciudad.

Una imagen preciosa. Pero queda algo. Pegado al ventanal, hay un piano. Un Petrof ruso, de ébano, cola negra con pedales plateados y las cuerdas a la vista de madera más clara. En él, hay unas partituras colocadas cuidadosamente donde se puede leer: “Debussy”.

Ya es pues, una imagen perfecta. Mis pasiones unidas en una misma habitación cerca del cielo de Madrid.