Hay
más de un centenar por Madrid y, sin embargo, siguen siendo las grandes
desconocidas. Las galerías de arte son
algo así como santuarios a los que pocos se atreven a entrar cuando pasan
delante de ellas dando un paseo.
Esos espacios
blancos, diáfanos donde el silencio es una obra más que cuelga de las
paredes, parecen estar reservados solamente a aquellos que saben describir todos
los ismos, que llevan bigote o que saben fruncir el ceño a la perfección cuando
se encuentran delante de un lienzo con una mancha verde.